Ni bien entramos, notamos cambios en el espacio que mucho no nos preocupan y el entusiasmo sigue ahí como un perro sediento en verano. Pero cuando empezamos a acostumbrarnos a mirar en esa oscuridad, reconocemos que muchas cosas han cambiado: camisas por demás. Preocupante. No importa, sigamos el ritmo de esta música. Y nos asimos de esa soga hasta que nos duelen las manos y otra vez, la música también ha cambiado. Último resto de esperanza. Otro "level". Nos sentamos en el hueco que deja una casa, mientras esperamos que algo dentro cambie, algo dentro nuestro, algo dentro de eso. Mientras esperamos que el sol salga, recorremos varias estaciones de servicio buscando medialunas y café cortado con poca leche, la medida justa, el auténtico café cortado. Ninguna se habilita ante nos. Se nos abre un portal 24hs., olor a salchichas y chucrut, reggeaton, pero medialunas ahí las vemos medialunas, la promo de 31 pesos. Engullimos. Todo se va poniendo a favor del sol. La dejo en su casa. El sol aparece delante del volante. Entiendo: el templo es el que abandonamos para irnos al que solía ser. El templo es el lugar donde la música suena a otro "level".
"Algo me está ben-diciendo"
