viernes, 21 de julio de 2017

Trescientos noventa y cuatro: Como esos peces que brillan

Como esos peces que brillan en la oscuridad del océano. En el medio del tsunami de la vida emprendedora, colaborativa, mi mente tramita paquetes de cigarrillos como costos variables del armado de subsidios en tiempos de deadline y programas de formación, también, a contratiempo.
Dos semanas llenas de adrenalina bilingüe son el enlace a personas y horizontes nuevos. Me gustan los efectos especiales de lo impredecible. Ya sé que yo deseo fuerte. Eso ha sido a veces un problema. Resulta que ahora desear ya no es suficiente. Todo deseo viene con sus planes y estrategias para hacerlo posible. Cantidades de ideas, nuevos amigos, movimientos sobrenaturales. Sin duda.
No puedo elegir una sola cosa, son montones.  Pero en el intervalo espontáneo previo a dormir, el resumen, el excel mental, siempre me da positivo, excedente. Excelente. Y lo que más me alimenta esta alegría electroluminescente es sentir la comunidad.  No cualquier comunidad, la más próxima, la eventual también. La fantasía de las cosas reales. Porque está bien si lo pienso, pero es terriblemente bueno si lo vivo.
Todos los días llenos de bandas sonoras.
Como esos peces que brillan sumergidos.
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jueves, 29 de junio de 2017

Trescientos noventa y dos: actúo como un flaco

Cuando en el 2009 entré en la crisis más profunda de las que tengo conciencia, empecé a leer sobre "género" un poco para poder entender, para poder explicarme porque los cánones no me quedan. Hoy pensaba por qué no me gustan una serie de cosas que deberían gustarme. Principalmente porque no soy una persona que pueda aceptar un molde y meterse ahí, sobrevivir ahí. Mi personalidad no me deja estar tranquila. Creo que algunas personas se lo bancan, no les molesta, incluso algunas se sienten más cómodas al entrar en los lugares. No es mi caso.
Pensaba también por qué dejo de escribir y después vuelvo sedienta a lo mismo. Porque no puedo quedarme quieta, porque de repente todo se mueve y necesito escribirlo otra vez, sí, otra vez para verlo, para explicármelo, para ser un poco más consciente.
Cuando hace unos años fui a la astróloga O. a hacerme la Carta, ella dijo que las cosas no me iban a ser fáciles: Géminis que quiere unir lo diferente, Acuario que quiere discontinuar para transformar, Escorpio que no se calla una y siempre tiene que estar sacando a la luz las tensiones, Cáncer que pide hogar. Todo eso, quizá. Es una explicación posible. Hay otras, claro. Lo cierto es que todo esto que soy y que es, principalmente, algo propio, genuino, o al menos, un intento de eso; también me permite tener conexiones verdaderas con algunas personas que están dispuestas a eso. Con el resto se me hace muy difícil. Y sí, capaz actúo como un flaco, para algunxs, no sé bien como tomarlo, ¿es un piropo? ¿es un insulto? No sé, más bien creo que es un intento por ponerme en algún lado tranquilizador para el que lo dice. Pero acá estoy moviéndome porque es lo que mejor sé hacer y porque también me sale, con todo el costo emocional que tienen estas cosas.
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jueves, 15 de junio de 2017

Trescientos noventa y uno: Lo importante y lo urgente

Dicen que es una epidemia. Me dijo K. por el chat hoy, "una epidemia que afecta a jóvenes y adultos". Sí, es una gripe, no es para tanto pero aprovechando la caída, repaso mi existencia con el impacto que produce detener de golpe algo que viene a mucha velocidad. Mi vida. La vida contemporánea.
Hace varios meses que "lo importante" y "lo urgente" vienen apareciéndose como dos dimensiones que compiten entre sí. En el devenir de los días todo parece ser más bien "urgente". Responder mails, mensajes, reuniones, resolver cosas, ir al supermercado, ir a las fiestas también. Todo es tan veloz -el tiempo es veloz, decían los Serú- que no puede verse el paisaje ni la profundidad de las cosas.
(Ya sé, hay cierta nostalgia, estoy apestada, estoy algo sensible).
La cuestión es que al caer en cama, por ejemplo, uno ve delante de sí la corriente de las cosas "urgentes". Besito chau, nos vemos en el corso. Las ves pasar, son un montón. De pronto se ven algo obsoletas. ¿Qué es la suma de esas cosas? Una inercia. Punto.
Lo bueno de estar acá hace varios días haciendo el huequito en el colchón es que puedo distinguir en esa inercia algunas cosas "importantes". Nada garantiza que mañana me levante y me vuelva a tomar el tren bala de la vida contemporánea, pero bueno acá estamos haciendo el intento de otras cosas.
De repente, ves la peli proyectada, esto sí, esto no. De acá debería bajarme pronto. Y en esa prepotencia de las cosas urgentes, dibujás un caminito más o menos distinguible. Si tenés un papel por ahí, un lapicito caído al costado de la cama, hasta llegás a dibujar el mapa de la cosa. Y por un rato viene como un alivio de una profundidad natatoria. Al fin parece que la pileta es olímpica y tenés brazada para rato, y no estás hiperventilada, cuasi ahogada en la propia vida.
La gripe tiene sus cosas. Reguero de pañuelos, la canilla libre, la voz gangosa. Pero entre tanta congestión también aparece la quietud. Paradoja.


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jueves, 1 de junio de 2017

Trecientos noventa: Hay fuego

No hace tanto frío en las primeras noches de este otoño profundo. Hay fuego. Quiero irme a dormir con la imagen de las plantillas rítmicas que ayudan a los pacientes de Parkinson a salir del Freezing. En ese círculo de emprendedores-fumadores que se arma en el patio de La Colmena, redescubro la intensidad de los que crean desde la matriz ventricular. Somos un grupito de intensos, apenas ablandados por el escabio, seguramente bien distintos en nuestra sobriedad, pero ahí estamos haciendo la comunión de la fe de los que emprenden, de los entusiasmados, de los incansables.
Hay fuego en ese ecosistema micromundo, hay ideas geniales que te dan en la cara un impacto de felicidad que me desarma la seriedad. Cae la carcasa, aparecen sutiles las palabras como fuegos artificiales de pronto, un poco también en mi mente se representan como pirotecnia china los insights. No importa tanto de donde vengamos, lo que nos une es el corazón de las búsquedas. La fe.
Sentir que hacemos algo que va a cambiar el status quo en algún pequeño o grande sistema de cosas.
No estamos tan solos en el otoño profundo. Estamos cubriendo las costas.
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domingo, 28 de mayo de 2017

Trescientos ochenta y nueve: C entonces A

Cuando vuelvo al Templo tengo evocaciones tsunámicas. Ayer, por ejemplo. Después de ver varias horas, capítulos, de una serie de moda, de gente que tiene conexiones telepáticas, llego al Templo lista para dejarme atravesar por el power del rock en vivo, y veo pasar a uno de los personajes de la serie. Uno que me gusta, mi antitipo rubio lindo. En esa marea de extasis, me dejo llevar sutilmente por la "inercia" hacia donde está él. Es bastante más bajo que yo, pero los rasgos son bien parecidos. El de la tele seguramente también sea de esa estatura, pero, claro, tele mata todo. Permanezco ahí, buscando hacer algún tipo de contacto, hasta que tengo el insight. Éste me hace acordar al actor, el actor me hace acordar a un noviecito que tuve a los 15, versión morocha. El recuerdo es tan potente que puede pasar por dos cuerpos más y seguir ahí. En definitiva, lo que busco quizás no es ese que está ahí que me hace acordar al de la tele, sino aquel otro que vive en mí como un recuerdo borroso que se resucita con la serie.
Mi amigo, el que está ahí conmigo mientras yo desarmo la conexión a las cinco de la mañana en la puerta del Templo, me dice: Si A entonces B y B entonces C, C entonces A. Entonces, ya se había ido C.
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sábado, 11 de marzo de 2017

Trescientos ochenta y ocho: La muralla china de los gatos pandas

Traje un gato nuevo a casa
Un dejà vu gordo de mi gata anterior viva y arisca como yo. Ella lo mira desde la esquina opuesta y el la mira desde abajo del aparador. Ella se acerca sigilosa. Yo creo que lo desea, a su manera silenciosa y tímida, lo desea con la.mirada y lo busca. El no sabe como acercarse a franquear esa distancia. 
La muralla china de los gatos pandas es invisible pero campo magnético. El corre porque tiene miedo del.extraño deseo de.una arisca que de.pronto muta hacia el y se acerca gruñendo y arañando y escondiendo su verdadera soledad acumulada. A la.noche, cuando yo duermo, sueño las paces y los peces fosforescentes en la bañera hacen su danza que abre puertas. Son los gatos que abren portales en el templo de mi austera vida urbana.
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martes, 28 de febrero de 2017

Trescientos ochenta y siete: Los Carinios

Hay un amor enfrente que me cocina pastel de choclo sin procesar. A grano entero como el corazón.
Cuando llego me saco las zapatillas mojadas de carnaval, me siento a su mesa como su hija pequeña -aunque ellos dos son más chicos que yo-. Me siento a la mesa de Los Carinios. Me dan su vino de beber, me cuentan una y otra vez la historia de cómo se conocieron en el medio de un huracán. No hay casi diferencia en sus versiones. No hay roces. Pienso cuan perfecto, será esto posible. Pastel de choclo, ella repite, sin procesar, carinio. Él la mira como si fuera un ángel mientras ella pone su vestido en la boca del aire acondicionado, y se infla como un globo arostático. Treintaytresgrados a la sombra.
Me dan una picada de su amor. Pienso que, cuando llegue, será un auténtico casamiento de esos donde no importa el decorado, solo David Bowie y fiesta eterna. Pocos de estos conocí, pero que los hay los hay, y tienen tanto que rebalsan para que otros beban de ahí.
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