viernes, 11 de septiembre de 2015

Trescientos setenta y uno: wasabi

Si me dan elegir entre el picante de México y el de Japón, yo siempre voy a elegir el de Japón. Hoy vino mi amiga la dotora y dio la casualidad de que teníamos un mini proyector y muchas ganas comunes de comer sushi. Entonces, pedimos al delivery y buscamos una película con una baja dosis de ciencia ficción y una alta dosis de romanticismo y nos tiramos en el colchón a ver cómo la casa se hacía sala de cine y a la gata también le gustó el todoxdospesos. Se subió al cuerpo de una, luego de la otra para ver todo un poco mejor que nosotras. Cuando el timbre sonó, la comida estaba ahí y en el apuro del hambre, yo unté todas mis piezas con mucho wasabi y me las fui engulliendo como una desesperada, pero al mismo tiempo cada pieza, cada vez que entraba era un placer masticarla despacito y sentir cómo se te sube el rábano a la cabeza. De un momento a otro, estaba bastante atorada y excitada sensorialmente por el encanto de esa bolita de pasta verde. La doc pensó que yo iba a palmar ahí, extasiada como estaba, bastante asfixiada de picor. Pero no, la cosa se acomodó bien y prontamente nos sumimos en la espuma del colchón del cinema del hogar, el acolchado hasta la boca y el comentario breve pero atinado de dos a medianoche.
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