Me gusta la medianoche que trae lluvia y el amanecer lluvioso cuando estoy en la cama, me gusta saber que mañana es otra cosa.

Breves crónicas pre-apocalípticas
Trescientos treinta: El último día del año
Trescientos veintinueve: Mi pueblo es un cantor
Trescientos veintiocho: El meollo
Trescientos veintisiete: Intoxicación
Trescientos veintiseis: Maldición de la siesta
Trescientos veinticinco: La psicosis
Trescientos veinticuatro: Preguntas ocasionales de medianoche
Trescientos veintitrés: Las cosas que ya no existen
Trescientos veintidós: La vida como videoclip
Trescientos veintiuno: Cosas buenas pasan los días de insomnio
Trescientos veinte: Clínicas
Trescientos diecinueve: Puente
Trescientos dieciocho: Todo es un poema o una canción
Trescientos diecisiete: Conducir hace bien
Trescientos dieciséis: Déjate caer
Trescientos quince: Sincronías
Trescientos catorce: Bailar en el silencio
Trescientos trece: Observo, luego existo
Trescientos doce: Viernes entre gente
Trescientos once: Buenos Aires
Trescientos diez: Ya no me aburro
Trescientos nueve: Son todos cómplices
Trescientos ocho: La imaginación irresistible
Trescientos siete: Si la lluvia
Trescientos seis: Soy un álamo en la llanura
Trescientos cinco: Tirate un pa
Trescientos cuatro: Cómo duele la belleza
Trescientos tres: Hay caballos alados
Trescientos dos: Tengo un jardín hermoso
Trescientos uno: Abre
Trescientos: Espontánea
Doscientos noventa y nueve: Toma la ruta
Doscientos noventa y ocho: La resonancia
Doscientos noventa y siete: Hola Ma
Doscientos noventa y seis: Un pase
Doscientos noventa y cinco: Las vecinas desquiciadas
Doscientos noventa y cuatro: Incondicional
Doscientos noventa y tres: Enero en La Plata