lunes, 22 de agosto de 2011

Ciento cincuenta y ocho: La poesía por un tubo

No sé si es el aire cálido que llega a la oreja en pleno acoso del invierno, o es la ternura de la que frunce labios para que todo el poema quepa en un pequeño tubo, no sé si es que la noche estaba desierta y yo estaba apagándome, si es que yo estaba turbia, sombría, lejana; o la sensibilidad de mi oreja; pero seguro un puente horizontal que cruzaba de boca a oreja, a oreja de ojos cerrados, a sonrisa que se expande tras el final de un verso, a intención corazonada, a lágrimas por dentro. El susurro se cuela irreversible entre la costa de ecos y ya no hay nada que hacer con él, pues adentro ramifica rezos.
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1 comentarios:

Una de las mil Marias dijo...

Jaj,ja, yo lo senti como una rafaga de aire caliente, si, como un soplo de papel reciclado, muy buen texto. Empeizo a entender.

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