jueves, 14 de abril de 2011

Treinta: Insomnio

Más letal que el transcurrir del insomnio es transcurrir el día tras el insomnio.
Me ofusco fácil, me siento lenta, me pongo gris, me olvido las medias.
Es que anoche tomé mate y temí la pérdida casi completa de mi arsenal de textos inéditos. Textos que, a la luz de la fantasía, eran tesoro echado a la mar. La fe ciega en la tecnología, como la fe ciega en cualquier otra cosa, dan un grado de vulnerabilidad insoportable.
En la noche arrastrada, competí malos pensamientos con composiciones musicales, lecturas asincrónicas y conteo a gran escala de ovejas sonámbulas. No conforme con eso, ni con nada, me eché a la cama y di vueltas y vueltas hasta encontrar el lugar justo, el huequito cálido bajo el plumón. Vi pasar el tiempo y me desesperé ante su lentitud. Vi llegar el día con los ojos ya entrecerrados. Y me dormí. Pero el duermo duró dos horas. Y entonces me levanté y vi que el tiempo iba más rápido que yo. Entonces me volví a dormir y cuando desperté todo el día había pasado ante mi sueño, pero el tiempo estaba a mi tiempo. Entonces salí.

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1 comentarios:

Una de las mil Marias dijo...

Me dejas borracha en un insomsio que no transpasa.

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