Muchas gracias cardumen

Breves crónicas pre-apocalípticas
Ciento noventa y siete: La mirada de un pez
Ciento noventa y seis: Camisa de jean a cuadros
Ciento noventa y cinco: Reposo
Ciento noventa y cuatro: La guardia médica
Ciento noventa y tres: La resolana
Ciento noventa y dos: Llegó la primavera
Ciento noventa y uno: soy una monja
Ciento noventa: Ángel punk
Ciento noventa: La vida desde la cama
Ciento ochenta y nueve: La decisión
Ciento ochenta y ocho: Ataque de risa
Ciento ochenta y siete: El gesto
Ciento ochenta y seis: Como dos quinceañeras
Ciento ochenta y cinco: El bailarín
Ciento ochenta y cuatro: Tres de corazones
Ciento ochenta y tres: La feminidad
Ciento ochenta y dos: De vez en cuando sucede
Ciento ochenta y uno: Encamarse con una francesa
Ciento ochenta: Encuentro en el rabanito
Ciento setenta y nueve: Tarot
Ciento setenta y ocho: Competencia de egos
Ciento setenta y siete: Ligaduras
Ciento setenta y seis: Encontrada
Ciento setenta y cinco: Señora de las cajas de la cartón
Ciento setenta y cuatro: A vuelo torcido
Ciento setenta y tres: Dios sol
Ciento setenta y dos: Domingo subibaja
Ciento setenta y uno: Empalanganarse las ganas
Ciento sesenta y nueve: Ecos
Ciento sesenta y ocho: Férula Kahlo
Ciento sesenta y siete: Viene del puerto, de la isla