martes, 29 de marzo de 2011

Trece: Espantapajeros

Los pibes son creativos. Tenemos bolsas, tenemos ropa, tenemos palos. Habemus espantapájaros. O lo que uno de ellos, sin ninguna clase de sutilidad adulta y repugnante, llamó: espantapajeros.
Lo que me dio que pensar que pájaros y pajeros están tan cerca que no lo vi. Pasa que la esdrújula tiene un componente erótico inigualable. Y la palabra pajero no. Yo no tengo nada contra la paja ajena, ni la propia. La paja me parece algo sumamente digno y dignificante, un catalizador de la calentura. Pero la palabra pajero, y soy clara y digo la palabra y no el concepto y viendo que el concepto y la palabra son el uno para el otro y el otro para uno, está negativizada. Tiene mugre y grasa. Pero sobre todo tiene esa agresividad que nos da la jota.
El problema entonces no es la paja ni la palabra pajero, a mí lo que no me gusta es el vecino de al lado. Al lado de la casa del espantapájaros. Y ahora voy a decir pajero con toda la mala onda y la moral judeocristiana encima y voy a decir que ese vecino es un pajero. Un pajero en el mal sentido. Un sorete también. Y ojalá que el espantapajeros lo espante, en el mal sentido, claro, y lo mate.
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1 comentarios:

Mariana Chaves dijo...

ja, divineja escritureja, se me estruja la moraleja. ja, con jota, o jota, ojota. Ja ja, bien por el espantapajeros.
Mari Ch

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