
viernes, 31 de julio de 2015
Trescientos cincuenta y cinco: La ópera -Toma 2

miércoles, 29 de julio de 2015
Trescientos cincuenta y cuatro: No me gustan los pibes cancheros

Trescientos cincuenta y cuatro: No me gustan los pibes cancheros
domingo, 26 de julio de 2015
Trescientos cincuenta y tres: La Gloria se fue
Ya no estás en el poste donde te dejé antes de entrar al cine, solo está la cadena que te puse pero vos sos del mundo, no sos mía, ya no más. Todos los colores que te pensé no los tenés, ni los tendrás. Ya no sos mía, Gloria, ya no más. Te crecieron alas. Un ciclo terminó para las dos. Pero no estoy triste, sé que las cosas tienen su curso o lo tendrán. Nada puedo hacer. Ya no estás en ese poste, ya no más.
Pido un fernet para compartir en un bar al que nunca fui, no hay objeciones, hay fernet para compartir. Todo lo demás está ahí. Vos en las calles, con otros cuerpos, vos, lejana, quizás otro día nos encontremos en otra tienda y te reconozca y me reconozcas y otras noches atravesemos la ciudad. La rueda delantera estaba baja, costará, costará. Otras bicis vendrán.

Trescientos cincuenta y tres: La Gloria se fue
Trescientos cincuenta y dos: Lo que sobrevive es claridad

Trescientos cincuenta y dos: Lo que sobrevive es claridad
viernes, 24 de julio de 2015
Trescientos cincuenta y uno: La voz humana
la poesía nacida cada noche de nuevo cada nuevo decir. Lo infinito. Esa voz humana.

Trescientos cincuenta y uno: La voz humana
miércoles, 22 de julio de 2015
Trescientos cincuenta: Con sólo mirar, un huracán.

Trescientos cincuenta: Con sólo mirar, un huracán.
lunes, 20 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y nueve: Lunes de primavera

Trescientos cuarenta y nueve: Lunes de primavera
domingo, 19 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y ocho: Ser una extranjera

Trescientos cuarenta y ocho: Ser una extranjera
sábado, 18 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y siete: Quiero verte la cara

Trescientos cuarenta y siete: Quiero verte la cara
jueves, 16 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y seis: Hay un gato en el hall
Quedamos a fin solas, mi gata y yo, ella se durmió, a mí me desveló el desatino.

Trescientos cuarenta y seis: Hay un gato en el hall
martes, 14 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y cinco: Tengo un bolso lleno de libros
Cuando llegó el mensaje de la aerolíneas que decía "Su vuelo saldrá una hora más tarde", manotazo de ahogado apareció de nuevo Schlink. Alemán, generación post-holocausto. Té, maicenita y en la cama vuelta y vuelta leí. Se veía más o menos grande, más o menos gordo. Leí. Padre me hizo unos mates y me dejó en el aeropuerto para emprender el regreso. Confitería, vuelta y vuelta leí. Y las horas fueron pasando hasta que el avión llegó y mi cabeza era un árbol enorme lleno de las palabras del alemán y yo miraba a los otros pasajeros y no podía entender muy bien porque todo mi árbol ocupaba el espacio, no me dejaba ver. Tenía miedo de que se acabara ahí. Contaba las páginas que me quedaban como si fueran hostias. Me reservé las últimas veinte mientras me entretenía viendo pibitos o el pasajero aquél que había tomado justo los mismos vuelos que yo. Él me miraba también y a su pantalla de celular. Me tomo muy poco terminar. En los asientos de al lado, había una pareja de años, tomándose las manos y retomándoselas. Tenía miedo de terminar. Miedo, no sé, nostalgia, una cosa parecida a la náusea. Hasta que vi el blanco. Al lado las nubes y el blanco de la hoja. Quería despertar a la señora de al lado para decirle mi angustia, mi felicidad, mi no sé, Quería volver a empezar, bajarme ahí, ir a comprar otro libro del alemán. Forcé la música, pero mi árbol seguía ahí.

Trescientos cuarenta y cinco: Tengo un bolso lleno de libros
domingo, 12 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y cuatro: Vuelta al pago sin golpear
Hace un frío de los que nunca y adentro las hornallas. Algo temiblemente mágico sucede. No creo que tenga que ver con lo anterior. P. dice "oleaje". Yo pienso en un ave fénix cada vez que paso tres días existencialista. Ella dice oleaje y yo siento un efecto dominó en la cabeza, una desestabilización y una epifanía al mismo tiempo. Una epifanía que es pura sensación, no pensamiento. Esa conversación inicia una caída en cadena. Y el comienzo de una fe.
Fe en la poesía. La poesía de uno mismo y el mundo.
Volver como la nieve, el agua, el oleaje.

Trescientos cuarenta y cuatro: Vuelta al pago sin golpear
miércoles, 8 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y tres: Poeta
Hoy fui hasta allí. Tenía los mismos nervios que tuve en esa época en que conocía gente por chat y me encontraba para conocerla personalmente. Pero distinto. Yo estaba sola en una mesa y en otra mesa estaba todo el resto de la gente que sí se conocía. No quería mirar mucho para ver si ella estaba ahí y rogaba en silencio que ella me encontrara a mí y me hiciera las cosas más fáciles.
Entretanto, se acercó el mozo con la carta, yo dibujaba unas medusas con unos lápices que había sobre la mesa, y me dio la carta. Me pedí una pizza y una birra, sólo para mí.
Y en eso, ella se cruzo por delante y se presentó. Bajé unos kilos, digerí la entrada. Me dio su pequeño libro, yo le di el mío en una bolsa de papel madera, avergonzada. Hablamos un par de cosas y volvió al sitio de dónde había venido.
La poesía estaba ahí, en esa poética teatral.
Dos porciones de pizza apenas y me fui.

Trescientos cuarenta y tres: Poeta
martes, 7 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y dos: Perdida en la traslación
Los martes son días largos, apenas tengo conciencia de mí. Parto tempranísimo para villaelisa, hago zapping en la radio hasta que llego a la oficina con un rompecabezas de noticias. Trabajo, trabajo, mate, mate, empanadas, trabajo, café. Me subo al auto de nuevo: manejo, manejo, manejo. Canto una de shakira que me sé, es del primer disco, yo tenía menos de 15 años. Canto a viva voz y quiero que los vecinos de los otros autos me vean gesticular.
Llego a 60, voy para Berisso. Nos desvían, está cortada. No sé el camino pero veo un 214 y lo sigo. Andamos cantidades. En un momento me distraigo y lo pierdo en un semáforo que no es recíproco. Lo veo irse. Sigo al cardumen que queda. Supongo que todos van para donde yo voy. No tengo mucha nafta, tampoco tengo cobre. Dudo, dudo, dudo, pero ahí voy. Me imagino haciendo señas al costado de una ruta desconocida. Y a lo lejos, aparece la Montevideo, la música.

Trescientos cuarenta y dos: Perdida en la traslación
sábado, 4 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y dos:
A la única mujer que me cruce, tuve ganas de decirle: qué hermoso este silencio. Pero ninguna habló para no cagar el momento. Sé por sus ojos que ella sintió el diálogo.

Trescientos cuarenta y dos:
jueves, 2 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y uno: Mi mundo está lleno de conversación

Trescientos cuarenta y uno: Mi mundo está lleno de conversación
miércoles, 1 de julio de 2015
Trescientos cuarenta: La cañería
Me siento bien, voy caminando creo que me viene el hambre de pronto pero cuando pienso en el almuerzo se crea el hueco. Me siento agujereada, baleada.
Un día como hoy, decido hacer yoga en casa. Me pongo la banda sonora del piano, estiro la colchoneta, arranco el saludo al sol. No anticipo consecuencias, sólo estoy ahí. Apenas acabo la serie, me siento frente a la ventana y el llanto asoma. Luego explota, se expande y expande creo que no va a terminar nunca hasta que lo hace. Y alivio, me sorbo las lágrimas, reciclo.

Trescientos cuarenta: La cañería