jueves, 2 de julio de 2015
Trescientos cuarenta y uno: Mi mundo está lleno de conversación
Hoy visité y discutí amablemente con mi psicóloga como buena anarco que soy, anarco de clase media. Le conté que mis problemas son producto de esta sociedad y después abrí el facebook y vi que alguna gente estaba horrorizada por lo que pasó en la UBA. Y pensé qué hipócritas. Me acordé que mi astrologa me dijo que yo vine al mundo a unir lo diferente. (Y eso es tan amplio) Yo estoy segura de algo, yo sé que vine al mundo a conversar, entre muchas otras cosas (algunos se horrorizan de lo diverso). Yo no me horrorizo, tengo la mente inquieta de novedad. Soy geminiana y vivo con otra geminiana insaciable de conversación. Todo eso, la UBA, que venga el futuro ya que estamos ansiando. El futuro que estamos ansiando. Las ansias. Presente continuo.
miércoles, 1 de julio de 2015
Trescientos cuarenta: La cañería
Conozco mis ciclos. Sé que cuando empiezo a sentir angustia, se me hace un hueco en la boca del estómago que me saca el hambre. Así puedo estar uno, dos, tres días, a veces dura semanas. Pruebo tomando mis flores sucede que nada pasa. Tomo más dosis y nada.
Me siento bien, voy caminando creo que me viene el hambre de pronto pero cuando pienso en el almuerzo se crea el hueco. Me siento agujereada, baleada.
Un día como hoy, decido hacer yoga en casa. Me pongo la banda sonora del piano, estiro la colchoneta, arranco el saludo al sol. No anticipo consecuencias, sólo estoy ahí. Apenas acabo la serie, me siento frente a la ventana y el llanto asoma. Luego explota, se expande y expande creo que no va a terminar nunca hasta que lo hace. Y alivio, me sorbo las lágrimas, reciclo.

Me siento bien, voy caminando creo que me viene el hambre de pronto pero cuando pienso en el almuerzo se crea el hueco. Me siento agujereada, baleada.
Un día como hoy, decido hacer yoga en casa. Me pongo la banda sonora del piano, estiro la colchoneta, arranco el saludo al sol. No anticipo consecuencias, sólo estoy ahí. Apenas acabo la serie, me siento frente a la ventana y el llanto asoma. Luego explota, se expande y expande creo que no va a terminar nunca hasta que lo hace. Y alivio, me sorbo las lágrimas, reciclo.
Trescientos cuarenta: La cañería
lunes, 29 de junio de 2015
Trescientos treinta y nueve: La señora del perro
Finalmente voy por el alimento de la gata, después de un findesemana lleno de lamentos por el ayuno obligado. Día raro climática y anímicamente. Raro bien. Entro a la veterinaria. Hay una perra negra, simpaticona, se menea. Le hago gestos para que se acerque. Me histeriquea. La señora le dice: decile hola a la chica que te saludó. El pibe que atiende se ríe. La perra se acerca, se deja. Luego, la señora agrega: siempre me hace lo mismo, me hace comprarle golosinas cuando estamos acá y después en casa no se las come, así no, negra. El pibe le regala una golosina. La negra rechaza. La señora se enoja. La negra acepta, mordisquea la golosina. Ellas se van, contentas se ven, les salió gratis.

Trescientos treinta y nueve: La señora del perro
domingo, 28 de junio de 2015
Trescientos treinta y ocho: Dormir es un comienzo
La gata lame el plato con crema de leche y brócoli. Mi cuerpo cree que es sábado. Los vecinos de arriba discuten. Escucho sus gritos. Me gustaría distinguir las palabras así sigo la novela. Son los de arriba. Golpean cosas. Yo vengo de tomar cerveza artesanal para reivindicar la magia del domingo lluvioso. La gata termina de lamer el plato, los vecinos dejan de discutir. La birra sigue ahí, la fiesta no. Hay que dormir para ir a trabajar, hay que trabajar para comer, hay que seguir escribiendo para que tenga sentido, hay que seguir viviendo para todo. Dormir es un comienzo.

Trescientos treinta y ocho: Dormir es un comienzo
Trescientos treinta y siete: No es lo que parece
Desde temprano, generé fascinación por las agujas.
La buena noticia hoy es que la farmacia de enfrente ya tiene la droga.
La droga debe guardarse en la heladera hasta su aplicación.
Cohabitante M. es R1. Está canchera con la jeringa.
Le digo: ponemelá.
Me dice: comonó.
Tengo algo de miedo. Ella prepara todo, me dice: respirá hondo. Estoy tirada en el sillón exhibiendo la parte. Cuando va a clavarla, suena el timbre. Me dice: otra vez, respirá hondo. Respiro, entra, siento el líquido, creo que se me anestesia la zona. Sale la aguja.
Eso es todo.
No sé cómo terminar la crónica. Es el pinchazo más agradable de mi vida y no es heroína.
Me doy cuenta que no es momento de acabar. Duermo. Sueño pelotudeces.
Son las doce del mediodía. Me duele la nalga.

La buena noticia hoy es que la farmacia de enfrente ya tiene la droga.
La droga debe guardarse en la heladera hasta su aplicación.
Cohabitante M. es R1. Está canchera con la jeringa.
Le digo: ponemelá.
Me dice: comonó.
Tengo algo de miedo. Ella prepara todo, me dice: respirá hondo. Estoy tirada en el sillón exhibiendo la parte. Cuando va a clavarla, suena el timbre. Me dice: otra vez, respirá hondo. Respiro, entra, siento el líquido, creo que se me anestesia la zona. Sale la aguja.
Eso es todo.
No sé cómo terminar la crónica. Es el pinchazo más agradable de mi vida y no es heroína.
Me doy cuenta que no es momento de acabar. Duermo. Sueño pelotudeces.
Son las doce del mediodía. Me duele la nalga.
Trescientos treinta y siete: No es lo que parece
jueves, 25 de junio de 2015
Trescientos treinta y seis: A los 30
A los 30, me encontré descubriendo que el sentido siempre errático puede durar un poco más si lo enlazo a la escritura, al menos por un rato, por si acaso, mientra escribo. Al menos eso. Me encontré con gotas para los ojos, aspiradores para la nariz, pastillas para la sangre y mis grandes y mañosos malos hábitos.
A veces me escucho decir 30, como hoy a la secretaria del doctor, me escucho y digo: mierda. Me siento tan pequeña a la vez como si mirara apenas por encima del mostrador. El doctor me dice que va a decirle a mis padres que estoy flaca. Me da risa, él se pregunta porqué. Me mete un tubo por la nariz que me llega hasta la garganta y después me muestra lo lindas que son las cuerdas vocales.
Me miro en el espejo, me miro las canas y Jujuy, mirame dónde estoy ahora. Soy el despiste perseguido.
Pienso si todos se sentirán así cuando dicen su edad frente a un mostrador. Me importan los otros. No sé cuánto tiempo más, quizá sea para siempre o para nunca. Tengo 30. Es abismal y etéreo. Quiero arrojarme sobre las palabras porque los números son también palabras.

A veces me escucho decir 30, como hoy a la secretaria del doctor, me escucho y digo: mierda. Me siento tan pequeña a la vez como si mirara apenas por encima del mostrador. El doctor me dice que va a decirle a mis padres que estoy flaca. Me da risa, él se pregunta porqué. Me mete un tubo por la nariz que me llega hasta la garganta y después me muestra lo lindas que son las cuerdas vocales.
Me miro en el espejo, me miro las canas y Jujuy, mirame dónde estoy ahora. Soy el despiste perseguido.
Pienso si todos se sentirán así cuando dicen su edad frente a un mostrador. Me importan los otros. No sé cuánto tiempo más, quizá sea para siempre o para nunca. Tengo 30. Es abismal y etéreo. Quiero arrojarme sobre las palabras porque los números son también palabras.
Trescientos treinta y seis: A los 30
domingo, 12 de abril de 2015
Trescientos treinta y cinco: Si usted alguna vez tiene conjuntivitis
Cuando yo era chica y me despertaba lagañosa, decíamos conjuntivitis.
Eso era la conjuntivitis. Una enfermedad al paso que te pega un poco los ojos por la mañana.
Pero dejenme decirles algo y ojalá nunca tengan que evocarlo pero por si las dudas: la conjuntivitis puede ser peor, mucho peor.
No es tanto el dolor, el picor o el ardor es más bien la constancia del asunto lo que irrita sobremanera. Tal y como sucede en los resfrios, te gotea el ojo, se te paspan los párpados de tanto limpiarte y todas las mañana son el día de la marmota. A mí lo que me mata es la ilusión. Me duermo pensando mañana tendré de nuevo mi ojo, seré yo otra vez, tomaré birra y correré por el bosque, esas cosas que uno no haría hasta tener conjuntivitis y desear su potencial desaprovechado.
Pues bien, quiero decirles, queridos fieles, que la conjuntivitis no es una joda de moco pegado en el ojo. Es una tortura china, una gotita cayendo sistemáticamente en la frente. Ni hablar si uno es adicto a las máquinas, a una serie yanqui, leer, mirar, etc. El mundo se ve reducido.
Yo me veo reducida con mi ojo izquierdo reducido, mi falta de simetría es un horror.
Lo peor que uno puede hacer es leer foros en internet donde dice que va a perder el ojo o cosas del estilo. PERO LO HECHO HECHO ESTÁ. Así que la vida sigue, con o sin el ojo, la vida. Yo me abrí una cerveza negra, me fui a ver una obra de títeres. Volví y la gata no me esperaba. Yo tampoco la esperé a ella en mi cama esa noche.

Eso era la conjuntivitis. Una enfermedad al paso que te pega un poco los ojos por la mañana.
Pero dejenme decirles algo y ojalá nunca tengan que evocarlo pero por si las dudas: la conjuntivitis puede ser peor, mucho peor.
No es tanto el dolor, el picor o el ardor es más bien la constancia del asunto lo que irrita sobremanera. Tal y como sucede en los resfrios, te gotea el ojo, se te paspan los párpados de tanto limpiarte y todas las mañana son el día de la marmota. A mí lo que me mata es la ilusión. Me duermo pensando mañana tendré de nuevo mi ojo, seré yo otra vez, tomaré birra y correré por el bosque, esas cosas que uno no haría hasta tener conjuntivitis y desear su potencial desaprovechado.
Pues bien, quiero decirles, queridos fieles, que la conjuntivitis no es una joda de moco pegado en el ojo. Es una tortura china, una gotita cayendo sistemáticamente en la frente. Ni hablar si uno es adicto a las máquinas, a una serie yanqui, leer, mirar, etc. El mundo se ve reducido.
Yo me veo reducida con mi ojo izquierdo reducido, mi falta de simetría es un horror.
Lo peor que uno puede hacer es leer foros en internet donde dice que va a perder el ojo o cosas del estilo. PERO LO HECHO HECHO ESTÁ. Así que la vida sigue, con o sin el ojo, la vida. Yo me abrí una cerveza negra, me fui a ver una obra de títeres. Volví y la gata no me esperaba. Yo tampoco la esperé a ella en mi cama esa noche.
Trescientos treinta y cinco: Si usted alguna vez tiene conjuntivitis
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