domingo, 28 de junio de 2015

Trescientos treinta y siete: No es lo que parece

Desde temprano, generé fascinación por las agujas.
La buena noticia hoy es que la farmacia de enfrente ya tiene la droga.
La droga debe guardarse en la heladera hasta su aplicación.
Cohabitante M. es R1. Está canchera con la jeringa.
Le digo: ponemelá.
Me dice: comonó.
Tengo algo de miedo. Ella prepara todo, me dice: respirá hondo. Estoy tirada en el sillón exhibiendo la parte. Cuando va a clavarla, suena el timbre. Me dice: otra vez, respirá hondo. Respiro, entra, siento el líquido, creo que se me anestesia la zona. Sale la aguja.
Eso es todo.
No sé cómo terminar la crónica. Es el pinchazo más agradable de mi vida y no es heroína.
Me doy cuenta que no es momento de acabar. Duermo. Sueño pelotudeces.
Son las doce del mediodía. Me duele la nalga.
Share/Bookmark

jueves, 25 de junio de 2015

Trescientos treinta y seis: A los 30

A los 30, me encontré descubriendo que el sentido siempre errático puede durar un poco más si lo enlazo a la escritura, al menos por un rato, por si acaso, mientra escribo. Al menos eso. Me encontré con gotas para los ojos, aspiradores para la nariz, pastillas para la sangre y mis grandes y mañosos malos hábitos.
A veces me escucho decir 30, como hoy a la secretaria del doctor, me escucho y digo: mierda. Me siento tan pequeña a la vez como si mirara apenas por encima del mostrador. El doctor me dice que va a decirle a mis padres que estoy flaca. Me da risa, él se pregunta porqué. Me mete un tubo por la nariz que me llega hasta la garganta y después me muestra lo lindas que son las cuerdas vocales.
Me miro en el espejo, me miro las canas y Jujuy, mirame dónde estoy ahora. Soy el despiste perseguido.
Pienso si todos se sentirán así cuando dicen su edad frente a un mostrador. Me importan los otros. No sé cuánto tiempo más, quizá sea para siempre o para nunca. Tengo 30. Es abismal y etéreo. Quiero arrojarme sobre las palabras porque los números son también palabras.
Share/Bookmark

domingo, 12 de abril de 2015

Trescientos treinta y cinco: Si usted alguna vez tiene conjuntivitis

Cuando yo era chica y me despertaba lagañosa, decíamos conjuntivitis.
Eso era la conjuntivitis. Una enfermedad al paso que te pega un poco los ojos por la mañana.
Pero dejenme decirles algo y ojalá nunca tengan que evocarlo pero por si las dudas: la conjuntivitis puede ser peor, mucho peor.
No es tanto el dolor, el picor o el ardor es más bien la constancia del asunto lo que irrita sobremanera. Tal y como sucede en los resfrios, te gotea el ojo, se te paspan los párpados de tanto limpiarte y todas las mañana son el día de la marmota. A mí lo que me mata es la ilusión. Me duermo pensando mañana tendré de nuevo mi ojo, seré yo otra vez, tomaré birra y correré por el bosque, esas cosas que uno no haría hasta tener conjuntivitis y desear su potencial desaprovechado.
Pues bien, quiero decirles, queridos fieles, que la conjuntivitis no es una joda de moco pegado en el ojo. Es una tortura china, una gotita cayendo sistemáticamente en la frente. Ni hablar si uno es adicto a las máquinas, a una serie yanqui, leer, mirar, etc. El mundo se ve reducido.
Yo me veo reducida con mi ojo izquierdo reducido, mi falta de simetría es un horror.
Lo peor que uno puede hacer es leer foros en internet donde dice que va a perder el ojo o cosas del estilo. PERO LO HECHO HECHO ESTÁ. Así que la vida sigue, con o sin el ojo, la vida. Yo me abrí una cerveza negra, me fui a ver una obra de títeres. Volví y la gata no me esperaba. Yo tampoco la esperé a ella en mi cama esa noche.
Share/Bookmark

jueves, 12 de marzo de 2015

Trescientos treinta y cuatro: Yoga

Hace menos de un año comencé a practicar yoga. Primero Ashtanga, ahora simplemente Yoga. Me llevó bastante tiempo entender, sin entender racionalmente,  qué significa el Yoga y no creo que haya una respuesta, sino una experiencia infinita. Recuerdo que cuando era adolescente y explotaba todo el tiempo  decidí hacer Yoga y realmente el mar de adolescencia que transitaba se aquietó.
Es muy difícil escribir sobre Yoga como es muy difícil escribir sobre música. Quizás porque son cosas inefables, justamente. Pero hoy mi profesor de Yoga me recordó que debía escribir sobre esto y entonces, dejo de pensar y simplemente escribo como simplemente practico Yoga.
El Yoga es experiencia, en el cuerpo, la mente y el espíritu (que todavía no sabría decir qué es pero que existe, existe).  Capaz es eso que cuando la mente y el cuerpo se aquietan, aparece. Es algo más allá que está en el más acá. Porque Yoga es ahora.  Aquí y ahora. Es estar presentes, pero ausente el yo. El Yoga es unir todo lo que constantemente separamos. Es unirnos con todo lo que existe, siendo. Es dejar atrás el pasado y dejar también ir el futuro. Yoga es encontrarse uno mismo pero en la escucha profunda de todo. Yoga es lo que parece paradoja porque nos hemos separado de muchas cosas, de nosotros mismos, de los otros, del mundo. Yoga es hacer una masa de pan y percibirla. Yoga es estar. Y estar es ser.

Yoga es preguntarse sin responder,  profundizarse, quererse y querer.  Dejar de escapar. Observar sin juzgar. Observar, percibir, sentir. 

Share/Bookmark

domingo, 8 de marzo de 2015

Trescientos treinta y tres: feliz día testo

Es domingo. Ayer me dormí tipo 4 o 5 de la mañana intentando ver un capítulo más de la serie de las mil temporadas. No tengo fuerzas. Llevo el campamento a la cama para postergar la activación motriz. Un capitulito más y así, veo pasar las horas. Todo intento de traslado es molusco.
Tengo varias ofertas para salir de la cueva pero ninguna logra quitarme la paja.
A medida que se va haciendo la noche voy pudiendo acelerar los desplazamientos. Un gran autorescate que se presenta en muchísimas cuotas. No pasa nada, y de pronto, alguien enciende el videojuego y observo. Boxeo. Entro a darle con mi avatar a cada contrincante como si cada una fuera la última pelea de mi vida. Y es increíble como me voy poniendo Hulk, me siento poderosa, testosteronada. Me ataca una ola de sudor, golpeo y golpeo, nada me frena. Me dicen: podés moverte más suave e igual responde el comando. No, dejenme sola, es mi pelea, pego como quiero y le doy pumpumpum, tres seguidas a la cara. Todos mis contrincantes son varones, chinos, negros, varones. 4 caen al hilo y ya basta. Estoy agitadísima como si hubiese corrido la maratón que nunca.
feliz día
testosterona.
Share/Bookmark

martes, 3 de marzo de 2015

Trescientos treinta y dos: El ostracismo de esta tuerta no es lo que parece

Comencé este blog el año en que pasé de ser cuatroojos a ser normal. En ese año o por ahí, se pusieron de moda los lentes (antes se decía antiojos como también se decía patineta). Siempre fui a contramano, al principio fue sin querer y ya después fue re a propósito y me declaré anarquista. Me compré varios libros de la colección rojinegra pero todavía no los leí.
Todo este preámbulo para decir que hoy me tuve que "retocar" el ojo izquierdo, como otras se retocan las lolas o el culo. Me re-tocaron el ojo, me tiraron el láser ultrapolenta y la chica que iba después de mí, dijo que había olor a chamuscado. No sé bien cómo funciona todo esto, lo que sé es que me da superpoderes porque después de que me operé la otra vez empecé con el piano y con la danza y con todo eso que tiene más sentido que todo lo otro que no es eso. Siempre creí que las zapatillas nuevas te daban superpoderes para saltar y correr rápido, pero eso nunca terminó pasando. Ahora creo en los lásers (láseres, maníes o manises).
Hoy fui al control y el doc me explicó algo del clivaje que no llegué a entender pero los dibujos estaban flasheros y creo que no debe ser nada malo. Mientras tanto estoy aprovechando los sanguchitos de miga, la birra y el amor que llega cuando uno dice "operación" y que, a veces, no son los otros, es uno mismo, dándose los gustos y los superpoderes.
Share/Bookmark

domingo, 4 de enero de 2015

Trescientos treinta y uno (trentaiuno): I was runnin´

Es muy loco, ayer en el bosque, todos corren distinto. Algunos corren con el pecho para delante, la cabeza para delante, las piernas separadas , las rodillas juntas, los brazos como los de canguro. Cada uno corre a su estilo. Están los que corren lindo y es un gusto verlos, tanto que valdría la pena parar y sentarse a esperar cada vez que den la vuelta y vuelvan a pasar. Están los aparatos y los aparatosos, felices en su dinámica yugular. Yo no sé cómo corro, no quisiera verme porque corro poco y todo lo que se hace poco, por lo general, no se hace bien. Me gustaría ser de los que corren lindo y ser como forrest gump: ir a todos lados corriendo.
Share/Bookmark