domingo, 22 de diciembre de 2013
Doscientos noventa: La poesía abraza
Las cosas suceden de formas tan extrañas. Unos tipos con armas entraron al bar donde estábamos. Apenas pudimos entender nos agazapamos bajo las mesas. Sentía el cuerpo, los cuerpos temblar bajo las mesas, el instante era una babosa. En un momento alguien dijo ya se fueron. Y lentamente empezamos a salir, a llorar, a reír, a abrazarnos, a querernos más, por existir, solo por existir y nada menos.
En ese momento pensé qué suerte que compré el libro de poesía de la pavón. Qué suerte porque las noches de violencia son muy largas cuando amenaza taquicardia, mi cabeza es un proyector de peliculas de hollywood.
La noche no fue larga, fue infinita, y los sueños cuando llegaron estaban tan cubiertos de plumas que me acolchonaron y agradecí silenciosamente a las estrellas por planear que las cosas hayan sido tan así como tener vida y poesía. Empezó a amanecer.
viernes, 20 de diciembre de 2013
Doscientos ochenta y ocho: La felicidad es circular
Yo no sabía que me gustaba tanto el "folklore". Me acuerdo de las peñas, de la zamba que mis viejos bailaron en mis 15, de mis intentos de aprender a bailar en la secundaria, de los amigos de mis viejos, siempre meta guitarra y bombo. Pero entonces yo no sentía una particular atracción por esa música tan mezclada con el vino. Cuando me vine a La Plata, entonces, sí, ponele ahí, me clavaba un disco de los Intihuama, un san juan por mi sangre, para ayudar al llanto a salir.
Pero esta pequeña inconciencia se volvió brutal conciencia del apego que me produce cierta música argentina.
Veníamos entonces con Gaby, en el auto, yo le digo le compré el disco a Omar, me dice qué disco, le digo el de orquesta los amigos del chango. Y lo pusimos. Y ese sonido que tienen los autos modernos es espectacular, como escuchas que el sonido te acaricia la nuca, te besa la oreja. Yo le digo a mí la flauta traversa me encanta, le queda tan bien al folklore. Y el chango un poco se enojaría si me leyera decir "folklore" pero es que así la gente me entiende de qué hablo, al menos como para arrimar el bochín.
Y me dormí abrazada al chango, yo creo, porque me miré el encuentro en el estudio por segunda vez y me dormí con la telesita y me despertó el golpe de la notebook cuando cayó al piso, como una cachetadita celestial dada con la baqueta del chango.
"El folklore está vivo, evoluciona"

Doscientos ochenta y ocho: La felicidad es circular
domingo, 15 de diciembre de 2013
Doscientos ochenta y siete: Ocio
Siempre me gustó detenerme en los nombres, en las palabras que incluyen los nombres. El mío en particular incluye "ocio" sin hacer ningún juego rebuscado, con la simple supresión de la r.
Hoy, domingo dieciseis de diciembre (DDD) declaro el inicio del ocio vacacional que durará aproximadamente dos meses y que, si bien no es absoluto, es suficientemente feliz y terrible como para desvelarme.
El tiempo ansiado toca la puerta. Me encuentra en reposo. El reposo más melancólico y futil. De repente, nada me interesa. Desaparece la buscadora. Nazco y muero en el mismo intento de moverme. Se suman los treintaypico de grados. Se suma la gata busca-cariño. Estar premenstrual.
El ocio que tanto añoré es un mostruo indecible que me mira a los pies de la cama, mezclado con el productivismo, es una trampa mortal. No hacer nada es desaparecer. Pero olvido lo que fue deseable entonces, ahora nada, solo helado en el freezer que se come a cucharadas de melancolía.

Doscientos ochenta y siete: Ocio
miércoles, 17 de abril de 2013
Doscientos ochenta y seis: amo mal
Amo a mi psicóloga porque no tiene escrúpulos pero se ríe de los chistes que tiro atravesando el río de mí misma, mientras le cuento que estoy HARTA de los 48 minutos que me tuvo al teléfono el cliente preguntándome cada detalle del trabajo realizado, de la incomprensión, del error, de la mano izquierda, de mí misma.
Hola, Soy Rocío, hago terapia hace 3 años pero siempre dejo a mis psicólogos y a mis novios casi siempre. Soy intolerante a la mediocridad propia y ajena. No vomito pero tardo mucho en digerir la vida.
Ella me dice que el problema está ADENTRO y no AFUERA.
Adentro de mi casa, de la caja negra de mi psiquis, aunque es el único lugar donde yo me siento mucho más tranquila, mientras afuera roban, se inundan, se asesinan, se accidentan, se lamentan.
Básicamente, la amo - a mi psicóloga- porque me dice siempre que el problema soy yo porque amo mal.
Empezando por ella.

Hola, Soy Rocío, hago terapia hace 3 años pero siempre dejo a mis psicólogos y a mis novios casi siempre. Soy intolerante a la mediocridad propia y ajena. No vomito pero tardo mucho en digerir la vida.
Ella me dice que el problema está ADENTRO y no AFUERA.
Adentro de mi casa, de la caja negra de mi psiquis, aunque es el único lugar donde yo me siento mucho más tranquila, mientras afuera roban, se inundan, se asesinan, se accidentan, se lamentan.
Básicamente, la amo - a mi psicóloga- porque me dice siempre que el problema soy yo porque amo mal.
Empezando por ella.
Doscientos ochenta y seis: amo mal
miércoles, 10 de abril de 2013
Doscientos ochenta y cinco: el pelilargo con colita o el retorno
Hola.
Estoy enojada, pero ahora terapia cognitiva.
Igualmente todos estamos enojados, me parece que con el intendente. Mínimo.
Estado mínimo.
Mi computadora entró en coma. El tsunami del 2 de abril nos partió al medio. No sé bien si fue el 2 o el 3, pero prefiero que haya sido el 2 porque el 3 es mi número favorito.
Cuando mi computadora se puso comatosa y mi clienta se puso pelotuda y el agua pasó y hundió todo y hacía más de 10 días que no veía a la terapeuta, dije, me dije a mí misma solemne: tenés que abrirte una ranurita para desagotar o te explota la cloaca como explotó todo, todas las cacas para afuera, puaj.
Yo no sé porque hay gente como el pelilargo de acá abajo que tiene mi computadora, decía que hay gente que tira esa onda bajón cuando yo le digo que nunca pinté nada en mi vida y que me compré unas acuarelas carísimas y que no sé por dónde empezar porque empecé por los peces y me salieron horribles y que ahora el agua me da fobia. Y me dice que no empiece por las acuarelas porque ÉL PINTA y no hay que empezar nunca por las acuarelas, sino A LO SUMO por los lápices acuarelables. Pero yo no quiero dibujar, le digo. Y me dice ah, vos sos la del ARTE ABSTRACTO, marta minujín. Y yo no paraba de pensar en cómo deben ser los cuadros del pelilargo, todos de naturaleza muerta. Todos colores muertos, insensible.

Estoy enojada, pero ahora terapia cognitiva.
Igualmente todos estamos enojados, me parece que con el intendente. Mínimo.
Estado mínimo.
Mi computadora entró en coma. El tsunami del 2 de abril nos partió al medio. No sé bien si fue el 2 o el 3, pero prefiero que haya sido el 2 porque el 3 es mi número favorito.
Cuando mi computadora se puso comatosa y mi clienta se puso pelotuda y el agua pasó y hundió todo y hacía más de 10 días que no veía a la terapeuta, dije, me dije a mí misma solemne: tenés que abrirte una ranurita para desagotar o te explota la cloaca como explotó todo, todas las cacas para afuera, puaj.
Yo no sé porque hay gente como el pelilargo de acá abajo que tiene mi computadora, decía que hay gente que tira esa onda bajón cuando yo le digo que nunca pinté nada en mi vida y que me compré unas acuarelas carísimas y que no sé por dónde empezar porque empecé por los peces y me salieron horribles y que ahora el agua me da fobia. Y me dice que no empiece por las acuarelas porque ÉL PINTA y no hay que empezar nunca por las acuarelas, sino A LO SUMO por los lápices acuarelables. Pero yo no quiero dibujar, le digo. Y me dice ah, vos sos la del ARTE ABSTRACTO, marta minujín. Y yo no paraba de pensar en cómo deben ser los cuadros del pelilargo, todos de naturaleza muerta. Todos colores muertos, insensible.
Doscientos ochenta y cinco: el pelilargo con colita o el retorno
miércoles, 25 de abril de 2012
Doscientos ochenta y cuatro: exclusiva
Doscientos ochenta y tres: Dildos y flores
Qué lindo trabajar haciendo un sitio web de dildos y que te paguen con flores.
El mundo del capital no suele ser tan hermoso. Las pagas son malas. El mundo del capital suele ser solemne.
Yo nunca querré parecerme al capital, ni al capitalista, ni al capitalismo. Quiero parecerme a la libertad del trueque.
Al trueque con abrazo. A la libertad de fluir.
Ellos convirtieron el código del regalo, en billetes que van de mano en mano tan rápido que nadie los ve. Pero creen en ellos más que en Dios, al que nunca han visto tampoco. Dar o tener crédito, no tener fe.

Doscientos ochenta y tres: Dildos y flores
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